Por Berenice Benites
¿Y si nuestra existencia fuera mucho más amplia de lo que alcanzamos a percibir? En «Yo soy muchos», Vanesa Lenti parte de sus propias experiencias para explorar los sueños, los mundos sutiles, la pérdida, el amor y la posibilidad de que existan dimensiones de nuestra realidad que todavía desconocemos. Una propuesta que invita a mirar hacia dentro y cuestionar aquello que damos por sentado. Conversamos con la autora sobre lo que la llevó a escribir este libro, las experiencias que transformaron su manera de entender la vida y la muerte, y el mensaje que espera dejar en quienes se atrevan a recorrer sus páginas.
¿En qué momento comenzaste a sentir que tenías que escribir Yo soy muchos? ¿Fue una decisión consciente o algo que simplemente comenzó a suceder?
Escribir «Yo soy muchos» no fue, en realidad, una decisión que Vanesa tomara de manera voluntaria. A lo largo de los años comenzó a recibir distintas señales e información que apuntaban hacia una misma idea: debía escribir un libro. Aunque desde pequeña había tenido una relación con la escritura (principalmente a través de cartas y textos personales), nunca había imaginado que aquella capacidad pudiera convertirse en algo más.
Con el tiempo, especialmente durante sus meditaciones, esa sensación comenzó a hacerse cada vez más clara. Lo que inicialmente podía parecer una intuición empezó a sentirse como un verdadero encargo: había una historia que debía ser escrita y ella debía confiar en el proceso.
¿Qué ocurrió cuando finalmente decidiste dar ese paso y comenzar a escribir, sin saber exactamente hacia dónde te llevaría el proceso?
Vanesa se lanzó a ciegas. No tenía todas las respuestas ni sabía con certeza cómo iba a desarrollarse el libro; simplemente comenzó a escribir y a dejarse guiar. Ese proceso la llevó muchas veces hasta sus propios límites y la obligó a abandonar la necesidad de tener el control sobre lo que estaba ocurriendo.
¿Cómo aprendiste a confiar en aquello que estabas escribiendo, especialmente cuando todavía no sabías cómo encajarían todas las piezas?
La escritura se convirtió entonces en un ejercicio de confianza y entrega. Vanesa fue aprendiendo a dejarse guiar y a confiar en que aquello que iba surgiendo tenía un sentido, incluso cuando ella todavía no podía comprenderlo por completo. Parte de ese proceso consistió precisamente en creer que, si ese libro estaba llegando a través de ella, también podría llegar a alguien que necesitara leerlo. ¿Cuál fue el mayor desafío al escribir Yo soy muchos y qué fue lo que más te costó a nivel personal durante ese proceso?
El mayor desafío fue precisamente ser consciente de que trascendían la experiencia cotidiana para la mayoría. Cuando este tipo de experiencias se encarnan en el día a día, no se perciben como fuera de lo común, sino como parte natural de la experiencia humana. Por eso no fue sencillo para mí reconocer que aquello que había vivido merecía ser compartido con el mundo. A ello se sumó el desafío de confiar en el proceso y de que todo tendría sentido al final. Escribir un libro guiada por seres invisibles supuso un acto de total rendición, a pesar de saber que ese era el único camino para su elaboración.
Cuál fue el mayor desafío al escribir Yo soy muchos y qué fue lo que más te costó a nivel personal durante ese proceso?
Que empiecen a ver con más claridad lo cerca que estamos de encarnar el cielo en la tierra. Solo un velo invisible nos separa del mundo energético y, aunque no podamos verlo, está justo a nuestro lado.
Me gustaría que esa realidad dejara de percibirse como algo excepcional y que la integraran con más naturalidad en sus vidas. Todos somos seres espirituales habitando un cuerpo. Mi deseo es que cada vez más personas puedan reconocerlo de forma consciente, honrando tanto su dimensión física como la energética.
Si tuvieras que describirte en pocas palabras, ¿quién es Vanesa Lenti? ¿Qué rasgos sientes que te han acompañado desde pequeña y que todavía hoy siguen siendo parte de ti?
Vanesa se describe como una persona curiosa, determinada y amorosa. Desde pequeña, la curiosidad ha sido uno de sus principales motores. Siempre ha sentido la necesidad de descubrir cosas nuevas, de entender lo que la rodea y de encontrar respuestas a las preguntas que aparecían en su camino.
Esa inquietud la acompañó desde la adolescencia y fue mucho más allá de la necesidad de comprender el sentido de la vida. Desde muy joven también comenzó a preguntarse por la muerte, por aquello que existe más allá de lo que podemos percibir y por las dimensiones de la experiencia humana que todavía no logramos explicar.
¿Qué importancia crees que tienen los sueños y los recuerdos dentro de nuestra experiencia como seres humanos? ¿Qué podemos estar pasando por alto cuando despertamos y simplemente olvidamos lo que soñamos?
Para Vanesa, pocas experiencias son tan reales como los viajes astrales y los sueños lúcidos. Por eso, uno de los aspectos que considera especialmente importantes dentro de «Yo soy muchos» es ofrecer herramientas que permitan acercarse a lo que ella denomina “mundos sutiles”.
Desde su perspectiva, los sueños pueden convertirse en grandes aliados para comprender determinados mensajes que la vida intenta mostrarnos. Sin embargo, considera que no basta con soñar: también es necesario aprender a recordar lo que ocurre durante esos estados y conocer las distintas técnicas que pueden ayudarnos a hacerlo.
¿Por qué crees que hemos aprendido a darle tan poco valor a nuestros sueños?
Vanesa considera que hemos normalizado algo que puede contener una enorme riqueza. La mayoría de las personas despierta y continúa inmediatamente con sus obligaciones, dejando atrás aquello que experimentó durante la noche. Y, en buena medida, esto tiene relación con la forma en que vivimos.
El ritmo cotidiano, las preocupaciones económicas, las responsabilidades y todas aquellas prioridades relacionadas con lo físico y lo material pueden mantenernos en un estado constante de supervivencia. Cuando gran parte de nuestra energía está puesta en resolver los problemas del día a día, resulta mucho más difícil detenernos, observarnos y prestar atención a aquello que ocurre en nuestro interior.
Para ella, recuperar la consciencia sobre los sueños también implica recuperar un espacio de conexión con nosotros mismos y con una dimensión de la experiencia que muchas veces dejamos de lado.
¿Qué significado tiene para ti la pérdida y qué crees que viene a enseñarnos como seres humanos?
Vanesa recuerda que «Yo soy muchos» comienza con una frase que, de alguna manera, resume una de las ideas que atraviesan todo el libro: “No existe tal cosa como la muerte, pues la vida tiene muchas formas de existir.”
Desde su perspectiva, nuestra conciencia limitada nos lleva a interpretar la pérdida como un final. Cuando alguien deja el mundo terrenal, sentimos que esa persona ya no está y que aquello que compartíamos con ella se ha perdido. Sin embargo, Vanesa propone mirar la muerte y la ausencia desde otro lugar: quizá lo que termina es una forma de presencia, pero no necesariamente el vínculo.
¿Crees entonces que un vínculo puede permanecer incluso cuando ya no podemos compartir la vida con esa persona de la misma manera?
Para Vanesa, sí. Las personas pueden dejar de estar físicamente presentes, pero aquello que las une a nosotros puede perdurar. El amor, los recuerdos y la huella que dejaron forman parte de un vínculo que no desaparece simplemente porque cambie la manera en que podemos experimentarlo.
En ese sentido, la pérdida no necesariamente significa dejar de estar conectados, sino aprender a relacionarnos con esa conexión de una forma diferente.
Hay algún personaje o alguna historia dentro de Yo soy muchos sobre la que te sorprenda que nadie te haya preguntado todavía?
Vanesa cuenta que sí. Existe un personaje dentro del libro cuyo nombre prefiere mantener en reserva, pero cuya presencia le resulta especialmente llamativa porque, hasta ahora, prácticamente nadie se ha atrevido a preguntarle por él.
Lo curioso es que algunas de las personas que conocen la historia también «conocen al personaje en cuestión». Sin embargo, nunca han llegado a consultarle directamente sobre lo que aparece en el libro. Vanesa cree que quizá detrás de ese silencio exista cierta dificultad para creer o aceptar aquello que se plantea en la historia, especialmente cuando se trata de personas que la conocen personalmente.
¿Crees que quienes te conocen tienen más dificultades para aceptar algunas de las experiencias que narras precisamente porque conocen a la Vanesa de todos los días?
Para ella, quizá esa sea una de las partes más interesantes de todo el proceso: cuando una experiencia espiritual deja de ser algo abstracto y pasa a involucrar a personas, lugares o situaciones que forman parte de la realidad cotidiana. En ese punto, las preguntas pueden resultar mucho más incómodas y la incredulidad puede aparecer con mayor facilidad.
¿Podemos aprender a recordar lo que soñamos? ¿Qué proceso recomiendas para empezar a recuperar esos recuerdos y comprenderlos desde otra perspectiva?
Para Vanesa, recordar los sueños requiere un proceso y, sobre todo, práctica. En «Yo soy muchos» comparte una especie de guía que busca facilitar ese camino y ayudar al lector no solo a recordar lo que experimentó mientras dormía, sino también a analizarlo desde una perspectiva diferente.
Uno de los puntos que considera fundamentales es la recapitulación. Aunque pueda parecer una práctica sencilla y que aparentemente no produce ningún cambio, volver sobre lo que hemos vivido permite comenzar a desarrollar una mayor consciencia sobre nuestras propias experiencias. Poco a poco, se produce una diferencia entre cómo observábamos nuestra vida antes de hacerlo y cómo comenzamos a hacerlo después.
¿Por qué crees que entrenar nuestra mente debería ser tan importante como entrenar cualquier otro músculo de nuestro cuerpo?
Vanesa considera que muchas veces olvidamos que nuestra mente también necesita entrenamiento. No somos plenamente conscientes de todo lo que hacemos, pensamos o experimentamos durante el día, y aprender a observar y recapitular puede ayudarnos a desarrollar esa consciencia.
En ese sentido, recordar los sueños no sería únicamente una cuestión de memoria, sino también una forma de entrenar nuestra atención y nuestra capacidad de observar aquello que normalmente dejamos pasar.
Entre sus recomendaciones para favorecer este proceso, Vanesa sugiere dormir con un antifaz, ya que la exposición a la luz puede dificultar el recuerdo de los sueños. También recomienda, cuando sea posible, dormir boca arriba y evitar despertarse bruscamente con una alarma, permitiendo que el despertar sea más tranquilo para intentar conservar con mayor facilidad las imágenes, sensaciones o experiencias del sueño.
Para terminar, ¿hay algún libro que te haya acompañado especialmente y que recomendarías a quienes disfrutaron de Yo soy muchos?
Vanesa recomienda «Un curso de milagros«, de Helen Schucman, y también The Noticer, de Andy Andrews, un libro que le gusta especialmente porque su protagonista va encontrando respuestas a diferentes problemas a través de algo tan sencillo como caminar y conversar con las personas que encuentra en el camino.
Para Vanesa, detrás de esa aparente sencillez existe una idea muy poderosa: muchas veces la vida puede mostrarnos soluciones a través de situaciones cotidianas, de encuentros aparentemente casuales o de personas que aparecen en el momento adecuado. Esos pequeños acontecimientos pueden convertirse en una forma de guía que nos ayuda a encontrar el camino que necesitamos recorrer.
Quizá una de las propuestas más importantes de «Yo soy muchos» sea precisamente esa: atrevernos a hacer aquello que sentimos y permitirnos descubrir partes de nosotros mismos que todavía desconocemos. La autora invita a mirar al ser humano desde una perspectiva más amplia, abierta a todo aquello que todavía no comprendemos.
¿Qué le falta al mundo?
Si pudieras cambiar una sola cosa de nuestra manera de relacionarnos como seres humanos, ¿qué cambiarías? ¿Y por qué crees que hoy nos cuesta tanto conectar con la empatía?
Vanesa no considera que exista necesariamente un “problema” que debamos solucionar. Más bien, cree que estamos atravesando un momento crucial para la humanidad: una etapa de transición en la que muchas cosas que antes permanecían ocultas ahora parecen hacerse más visibles.
Ese ruido que percibimos (la falta de empatía, los conflictos y las dificultades para comprender al otro) podría ser, desde su perspectiva, parte de un proceso mucho más amplio. Estamos transitando hacia una etapa en la que el ser humano necesita comenzar a ser más consciente de lo que hace, de por qué lo hace y, sobre todo, de qué quiere realmente para su vida.Y quizá esa sea también una de las invitaciones que deja Yo soy muchos: detenernos por un momento, mirar hacia dentro y preguntarnos si la vida que estamos construyendo responde realmente a lo que somos o simplemente a aquello que hemos aprendido que deberíamos ser.os o simplemente a aquello que hemos aprendido que deberíamos ser.
Posdata, te dejamos nuestra reseña aquí de esta joya de libro.
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Sobre el autor
Berenice Benites
Abogada. Todo se trata de equilibrio. Mi error? Ser mano derecha enamorada del guante izquierdo. Mi lema? Que todo fluya, que nada influya.
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