Por Berenice Benites
Hay adaptaciones que reinterpretan una obra y otras que simplemente utilizan su nombre como punto de partida. Esta nueva versión de Cumbres Borrascosas pertenece más a la segunda categoría. La película conserva ciertos ecos de la novela de Emily Brontë, pero abandona gran parte de aquello que hacía tan perturbadora y fascinante la historia original: esa sensación de amor enfermizo, resentimiento contenido y destrucción emocional que atravesaba cada página.
El problema no es que la película quiera actualizar el relato, sino que parece más interesada en construir una estética contemporánea que en comprender el corazón de los personajes. Heathcliff y Catherine siempre fueron incómodos precisamente porque no encajaban en una historia romántica convencional; aquí, en cambio, muchas de sus contradicciones quedan suavizadas o transformadas en algo mucho más superficial.
También hay una sensación constante de artificio. Varias decisiones parecen pensadas para generar ruido en redes o alimentar titulares antes que para fortalecer la narrativa. El resultado es una película que busca desesperadamente verse intensa, transgresora o moderna, pero rara vez consigue transmitir la violencia emocional silenciosa que convertía a la novela en algo tan devastador.
Lo curioso es que, mientras más se aleja del libro, más logra sostenerse por sí sola. Hay momentos donde funciona como un drama oscuro con identidad propia, aunque nunca termina de justificar por qué necesitaba llamarse Cumbres Borrascosas. Y quizá ahí está el verdadero conflicto de la película: no fracasa necesariamente por lo que intenta ser, sino por el peso de aquello que decide dejar atrás.
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Sobre el autor
Berenice Benites
Abogada. Todo se trata de equilibrio. Mi error? Ser mano derecha enamorada del guante izquierdo. Mi lema? Que todo fluya, que nada influya.
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