Libros 29 septiembre, 2026

[Reseña]: Antes de que se enfrié el café

Antes de que se enfrié el café de Toshikazu Kawaguchi
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    5

¿Y si pudieras regresar al pasado y hablar una vez más con alguien que ya no está? ¿Qué le dirías? ¿Pedirías perdón? ¿Dirías aquello que nunca te atreviste a decir? ¿O simplemente querrías volver a escuchar su voz una última vez?
En un pequeño café de Tokio llamado Funiculi Funicula existe una posibilidad que parece salida de un sueño: sentarse en una determinada silla permite viajar al pasado.


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¿Y si pudieras regresar al pasado y hablar una vez más con alguien que ya no está? ¿Qué le dirías? ¿Pedirías perdón? ¿Dirías aquello que nunca te atreviste a decir? ¿O simplemente querrías volver a escuchar su voz una última vez?

En un pequeño café de Tokio llamado Funiculi Funicula existe una posibilidad que parece salida de un sueño: sentarse en una determinada silla permite viajar al pasado. Sin embargo, no es tan sencillo como parece. Existen reglas que deben cumplirse y, entre todas ellas, hay una que da nombre a esta historia: quien viaje en el tiempo deberá regresar antes de que su café se enfríe.

Pero hay algo todavía más importante: aunque puedas regresar al pasado, no podrás cambiar el presente. Y es precisamente esta regla la que convierte a Antes de que se enfríe el café en una historia mucho más profunda de lo que su premisa podría hacernos pensar.

Toshikazu Kawaguchi nos presenta a diferentes personajes que llegan al café cargando con aquello que no pudieron decir, con decisiones que desearían haber tomado de otra manera y con personas a las que todavía necesitan hablarles. Cada uno tiene sus propias razones para querer regresar en el tiempo, pero todos comparten algo: el deseo de tener una segunda oportunidad.

La primera reacción podría ser preguntarnos para qué sirve viajar al pasado si no podemos modificar lo ocurrido. Sin embargo, ahí se encuentra precisamente el corazón de la novela. Kawaguchi nos recuerda que quizá no necesitamos cambiar lo que sucedió para poder sanar.

A través de sus personajes, la novela explora el arrepentimiento, el amor, la pérdida, los vínculos familiares y aquellas palabras que dejamos para después. Muchas veces creemos que lo que necesitamos es una oportunidad para cambiar una decisión, evitar una despedida o impedir que algo doloroso suceda. Pero, ¿qué pasaría si descubriéramos que no podemos cambiar nada? ¿Sería entonces inútil regresar?

La respuesta que propone el autor es no, porque, aunque el pasado permanezca intacto, nosotros no tenemos por qué hacerlo.

Cada viaje se convierte así en una oportunidad para comprender, aceptar y mirar desde otra perspectiva aquello que ocurrió. Los personajes regresan buscando modificar una situación, pero terminan descubriendo algo mucho más importante: que todavía pueden decidir qué hacer con aquello que sienten y cómo continuar sus vidas. La novela plantea que el pasado puede formar parte de nosotros sin tener que convertirse en una prisión.

Una de las cosas que más me gustó de la historia es precisamente la manera en que Kawaguchi convierte algo tan cotidiano como una taza de café en una representación del tiempo.

El café se enfría poco a poco. Y nosotros también dejamos pasar los momentos.

Esperamos para decir «te quiero». Esperamos para pedir perdón. Esperamos para llamar a alguien. Esperamos para hablar de aquello que nos duele porque creemos que tendremos otra oportunidad. Pero el tiempo no se detiene mientras nosotros decidimos cuándo estamos preparados.

El café continúa enfriándose, quizá por eso el título tiene un significado mucho más profundo de lo que parece.

La novela también habla de la importancia de comunicarnos con las personas que queremos. Muchas de las heridas de sus personajes nacen de cosas que nunca dijeron o de sentimientos que decidieron guardar. Kawaguchi muestra cómo el silencio puede convertirse en una barrera dentro de nuestras relaciones y cómo, en ocasiones, una conversación sincera puede cambiar nuestra manera de comprender a alguien, aunque no pueda cambiar lo que ya ocurrió.

Otro aspecto que me gustó es que la historia no presenta la posibilidad de viajar en el tiempo como una solución mágica a todos los problemas. Al contrario, establece límites muy claros. No podemos utilizar el pasado para conseguir una vida diferente. Solo podemos visitarlo durante un instante y después debemos regresar.

Esto hace que cada viaje tenga algo de despedida, porque al final, todos tenemos que volver al presente y esa, es la verdadera enseñanza del libro: no podemos vivir eternamente en aquello que fue.

Podemos recordar. Podemos arrepentirnos. Podemos extrañar. Podemos imaginar qué habría ocurrido si hubiéramos tomado otra decisión. Pero llega un momento en el que debemos regresar al presente y continuar.

Antes de que se enfríe el café es una historia sobre el tiempo, pero sobre todo es una historia sobre las personas y sobre aquello que hacemos con el tiempo que tenemos. Porque tal vez no necesitamos viajar al pasado para decir aquello que sentimos.

Quizá todavía estamos a tiempo. Quizá todavía podemos levantar el teléfono, buscar a esa persona, pedir perdón, decir «te quiero» o simplemente sentarnos junto a alguien y escuchar. Porque el pasado no puede cambiarse, pero el presente todavía está caliente y mientras no se enfríe el café, todavía tenemos tiempo.

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Sobre el autor

Emily Alvarado

Escritora

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