Por Rocio Romero
Se me ha atragantado este libro.
He tardado en leerlo. Mucho más de lo que normalmente tardaría con un libro de su longitud. Y, aun así —o quizá precisamente por eso— lo recomiendo.
¿La razón?
Es diferente. Y hoy, ser diferente ya es decir mucho.
Clarice Lispector nos mete directamente en la mente de Lori a través de una técnica que amo: la corriente de conciencia. Hay una historia que avanza, sí, pero la forma en la que se despliegan los pensamientos rompe con cualquier lógica tradicional, incluso con la gramática. Desde la primera frase lo deja claro: empieza con una coma. Y termina con dos puntos.
Si esperas algo “normal”, este libro no es para ti.
Lori está aprendiendo a vivir. A sentir. A abrirse al placer —no solo al amoroso, sino al de existir—. Y en ese proceso aparece Ulises, un profesor de filosofía que funciona como guía, como espera, como una presencia que, de alguna forma, marca el ritmo.
Mi lectura fue incómoda y contradictoria. Y ahí está su riqueza.
Por momentos, conecté profundamente con Lori. Me vi en ella. Incluso llegué a envidiar algunas de sus decisiones. Pero, al mismo tiempo, no podía evitar cierta incomodidad: la sensación de que su proceso pasaba, en parte, por la validación de un hombre. Como si el aprendizaje del amor propio viniera desde fuera.
Y, sin embargo, otras lecturas dicen lo contrario. Que Ulises no impone, sino que espera. Que acompaña desde la paciencia y el respeto.
Y eso es, quizá, lo más fascinante de este libro: que permite ambas interpretaciones. Que dos lecturas opuestas puedan convivir sin anularse.
Porque, al final, más allá de Ulises —o incluso a pesar de él— lo que permanece es Lori. Su proceso. Ese despertar lento, confuso, profundamente humano.
Es un libro de capas. Intuitivo. Casi filosófico.
Y dependiendo del momento en el que lo leas, te llevará más o menos hondo.
Quizá por eso lo leí tan despacio. Porque quería quedarme. Porque cada frase pedía tiempo. Porque leerlo rápido habría sido, también, una forma de no entenderlo.
Tengo la sensación de que, si lo vuelvo a leer mañana, encontraré otro libro distinto entre las mismas páginas.
¿Y no es eso, al final, lo más hermoso?
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Sobre el autor
Rocio Romero
De Galicia. Por el mundo. Nado entre palabras.
Leo para volar. Escribo para enraizar.
Oxímoron es mi palabra favorita: chispa que arde sin quemar.