Por Rocio Romero
La historia de los vertebrados es un libro que pone nombre a preguntas que muchas mujeres llevan siglos haciéndose en silencio.
Mar García Puig parte de una experiencia profundamente personal (la maternidad y el brote psicótico que sufrió tras el nacimiento de sus hijos) para escribir un libro que acaba siendo mucho más grande que ella misma. Porque enseguida entiendes que esto no es solo un relato autobiográfico. Es también un ensayo, una investigación, una denuncia y una conversación con todas esas mujeres que, mucho antes que ella, fueron llamadas locas por no encajar en el lugar que se esperaba de ellas.
A medida que avanzas en la lectura, tienes la sensación de que el libro va ensanchándose. Empieza hablando de una mujer y acaba hablándote de muchas. De cómo la medicina, la ciencia, la filosofía e incluso la literatura han construido durante siglos un relato sobre la locura femenina en el que, demasiadas veces, el problema parecía ser simplemente… ser mujer.
Y en medio de toda esa reflexión histórica y colectiva está la maternidad. La real. La física. La que llora, mancha, succiona, necesita y no entiende de planes. Mar plantea algo que, aunque cada vez se habla más, no deja de ser todavía un tabú que no siempre es bien recibido en conversación: la distancia entre la idea de ser madre y serlo realmente.
Una puede pensar la maternidad durante años como proyecto de vida, modelo de familia, decisión política o incluso parte de una identidad futura. Puede incluso verla como una opción lógica en la adultez femenina, sin plantearse siquiera si es algo que elige voluntariamente o no. Y entonces aparece un hijo de carne y hueso y toda esa construcción abstracta se enfrenta a algo tremendamente concreto que necesita de ti ahora. No mañana, cuando hayas dormido. No cuando hayas conseguido entender qué te pasa. Ahora.
Leer esto siendo una mujer de 36 años que todavía tiene dudas sobre la maternidad añade, inevitablemente, otra capa. Porque yo todavía estoy en el lado de la abstracción. Puedo pensarla, imaginarla, cuestionarla, desear algunas partes y temer otras. Puedo hacer listas mentales de pros y contras como si una decisión así pudiera resolverse de forma racional.
Mar escribe desde el otro lado. Desde ese lugar en el que la hipótesis ya se convirtió en dos seres humanos que existen independientemente de cualquier idea previa que ella tuviera sobre lo que significaba ser madre. Y leerla no me resolvió ninguna duda. Más bien añadió unas cuantas. Pero creo que agradezco precisamente eso. La honestidad. La demolición de tabúes que solo añaden misterio e incertidumbre a algo tan humano y terrenal.
Porque muchos de esos tabúes no han aparecido de la nada. Son el resultado de siglos construyendo una determinada idea de lo que significa ser mujer, ser madre, estar cuerda o no estarlo. Y el libro se atreve a revisar precisamente quién ha escrito esos relatos y desde qué lugar.
No busca culpables fáciles ni convierte todo en una batalla entre hombres y mujeres. Hace algo mucho más interesante: nos invita a cuestionar con qué voces hemos aprendido a entender el cuerpo femenino, la maternidad, la salud mental y la vulnerabilidad. De ahí, quizá, la incomodidad que puede generar un libro como este, según quién esté leyendo al otro lado.
Porque obliga a preguntarse cuántas experiencias han sido interpretadas antes que escuchadas realmente. Cuántas mujeres fueron diagnosticadas cuando quizá lo que necesitaban era ser comprendidas y validadas. Cuántas veces seguimos confundiendo el malestar con el fracaso individual, en lugar de preguntarnos qué contexto lo produce.
No es una lectura ligera ni pretende serlo. Hay páginas que exigen detenerse, volver atrás, releer, porque contienen demasiadas capas: referencias históricas, filosofía, neurociencia, literatura y memoria personal conviven constantemente sin perder nunca de vista el hilo emocional del libro.
Lo que más agradecí fue que Mar García Puig escribe desde la duda. Cada día me gusta más leer textos que me invitan a cuestionar, y no que intentan imponerme su verdad. Mar escribe desde la necesidad de entender qué le ocurrió. Y creo que esa honestidad atraviesa toda la obra. Nunca sentí que quisiera convencerme de nada. Sentí que estaba invitándome a pensar con ella.
Terminé el libro con una sensación difícil de explicar. No de tristeza. Ni siquiera de rabia. Más bien de conciencia.
Bajo mi punto de vista, el mayor logro de La historia de los vertebrados es que no solo habla de salud mental. Habla de quién tiene derecho a contar la historia. De quién decide qué cuerpos son normales, qué emociones son aceptables y qué voces merecen credibilidad.
A veces, cambiar una historia empieza, simplemente, por decidir volver a contarla.
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Sobre el autor
Rocio Romero
De Galicia. Por el mundo. Nado entre palabras.
Leo para volar. Escribo para enraizar.
Oxímoron es mi palabra favorita: chispa que arde sin quemar.